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EVALUACIÓN DE LA BIODANZA COMO SISTEMA
PARA LA MODIFICACIÓN DE LA AUTOESTIMA
Jessica Medel
Introducción
En la actualidad, se ha hecho frecuente la preocupación
por la autoestima y la elaboración de técnicas
que la promuevan y desarrollen. Considerando que
diversas corrientes terapéuticas toman
como foco de atención la autoestima, hemos
escogido -dentro de las terapias humanistas- a
la Biodanza, como una modalidad de terapia corporal
que -en el presente trabajo- se intenta evaluar
como herramienta terapéutica y aportar
evidencia a favor de su efectividad en la modificación
de la autoestima.
Cuando decidimos iniciar nuestra investigación
y trabajar con la autoestima, lo hicimos pensando
en la importancia que ésta reviste en cada
una de las personas y lo esencial que es para
la supervivencia psicológica. Por lo tanto
-y de acuerdo a numerosas investigaciones que
avalan el importante rol que ella juega como factor
protector y de prevención en múltiples
trastornos- quisimos realizar un taller donde
lo central fuera trabajar con una técnica
que permitiera su aumento, considerando la importancia
individual y social que se le ha concedido.
Entre los factores psicosociales de riesgo del
consumo de drogas y alcohol, aparece el déficit
de autoestima, del mismo modo aparece como factor
predictor de un comportamiento depresivo y asociado
a fobia social y trastorno de la conducta alimentaria,
entre otros. Por otra parte, una alta autoestima,
suele ir asociada con una alta motivación
de logro, una red social extendida, mejores niveles
de defensa inmunológica y autonomía
personal. Se correlaciona, también, con
un buen ajuste psicológico, estabilidad
emocional, actividad, curiosidad, seguridad, cooperativismo,
pensamiento flexible, sentido del humor, alto
rendimiento académico, aumento del aprendizaje,
creatividad, responsabilidad y mejor comunicación.
Hemos considerado importante implementar un taller
que favorezca su desarrollo y que, en el largo
plazo, se constituye en un factor de prevención.
Desde la Psicología Humanista
El postulado humanista, afirma que dentro de cada
persona está contenida la sabiduría
necesaria para alcanzar un estado de salud óptima
y que todo ser humano tiene dentro de sí
la capacidad de saber lo que necesita para activar
y realizar su potencial. Un concepto central es
el darse cuenta y alude a la facultad de vivenciar
o percibir algo y ser, simultáneamente,
capaces de estar vivenciando o percibiéndolo.
Otro concepto es el de responsabilidad, que se
refiere al hecho de estar constantemente eligiendo
nuestra forma de actuar o de reaccionar frente
a las realidades externas. Para el movimiento
humanista el curar enfermedades es sólo
una parte de la potencialidad del trabajo clínico,
es la búsqueda y la activación del
potencial que en el ser humano existe. Promover
el desarrollo del ser humano constituye, por primera
vez, una meta de la psicoterapia. Asimismo, las
técnicas no verbales, comienzan a tomar
su lugar en la psicoterapia, se desarrollan prácticas
para el trabajo con el cuerpo -como asiento del
síntoma-. Se considera la existencia de
una unidad fundamental mente-cuerpo. El cuerpo
es considerado una fuente de mensajes acerca de
lo que somos, como actuamos y sentimos; también
se le considera como receptor y medio de expresión
de lo que ocurre en nuestras imágenes,
pensamientos y emociones. Las psicoterapias humanistas,
se basan en la suposición de que la humanidad
ha llegado a ser excesivamente intelectual, desvinculada
de sensaciones y emociones, por lo que se enfatiza
en los métodos experienciales y se aspira
al crecimiento individual y a la actualización,
en lugar de la adaptación. Comienzan entonces
a surgir múltiples técnicas corporales
que abordan la indiscutible relación mente-cuerpo,
en donde se redescubre la presencia y valor esencial
del cuerpo, ya que por él sentimos, nos
expresamos y creamos.
Identidad
La identidad se constituye a través de
lo vivencial y lo que primero que se vivencia
es el estar vivos. Esto se potencia con la conexión
con el cuerpo y sus sensaciones, procesos y emociones
-que tienen una base corporal-, por lo que la
expresión de nuestra identidad es el movimiento
corporal. Nuestra identidad se expresa cuando
estamos en presencia de otros, por lo que los
trabajos grupales fomentan la aproximación
a la integración de la identidad. La identidad
entendida como la conciencia de sí mismo
se da a través de la conciencia del propio
cuerpo y la conciencia de ser diferente. La primera
evoluciona a través de las experiencias
cotidianas, siendo fuente de placer y de dolor.
La conciencia de ser diferente se da en los primeros
contactos con el otro y con el grupo. La identidad
se hace presente en el espejo de otras identidades,
entonces se llega a la conciencia de la propia
singularidad y pensarse a sí mismo frente
al mundo a partir de las primeras nociones de
ser diferente. Lowen plantea que la persona sana
funciona con un sentido de identidad asentado
en la corporalidad. Desde esta conexión
con su cuerpo y procesos organísmicos es
capaz de reconocer sus necesidades y emociones.
Biodanza
Biodanza plantea una identidad -o sentido de ser
uno mismo- que esté enraizado en el cuerpo
y las vivencias, abierta a la experiencia presente,
vivida como un proceso y que sea creativa. Desde
Biodanza, una identidad sana es aquella que se
abre al encuentro con el otro, que es capaz de
establecer vínculos de reciprocidad, intimidad
y mutua contención. Para la Biodanza, la
persona con identidad saludable y autoestima elevada,
se hace cargo de su propia vida, pudiendo llegar
a dar respuestas cada vez más satisfactorias
a las tres cuestiones existenciales formuladas
aquí: dónde quiero vivir, con quién
quiero vivir y qué quiero hacer. Una persona
saludable que está vinculada consigo misma,
con sus motivaciones instintivas y emociones tiene
mayor posibilidad de responder a esto y lograr
un vivir auténtico.
Autoestima
La vivencia del propio valor (autoestima) proviene
del sentirse a sí mismo y de la calificación
afectiva de los progenitores y otras personas
próximas. Las opiniones, ideas, sentimientos
y juicios de valor que tenemos sobre nosotros,
conforman nuestra autoestima, que se va desarrollando
gradualmente a partir de las experiencias, mensajes
que recibimos de otras personas y de las vivencias
propias. Aparte de la reconocida importancia del
entorno familiar en los primeros años de
vida, también se otorga una importancia
fundamental a la dimensión social que nutre
a la autoestima. La autoestima debe ser vista
como un proceso en continuo cambio, dirigida por
un eje central de estabilidad.
Funciones de la autoestima
Fundamenta la responsabilidad, ya que sólo
se compromete quien tiene confianza en sí
mismo y normalmente encuentra en su interior los
recursos requeridos para superar las dificultades
inherentes a su compromiso. Determina la autonomía
personal, ya que el joven con alta autoestima,
actuará con autonomía, afrontará
retos, disfrutará con sus logros, tolerará
frustraciones y será capaz de influir en
otros, todo lo cual incidirá favorablemente
en su proceso de desarrollo personal. Apoya la
creatividad, porque la persona creativa sólo
crece desde la confianza en sí misma, en
su originalidad y capacidades, desde la autovaloración
y la vivencia de la propia valía. El aprecio
hacia sí mismo posibilita una relación
social saludable, pues existe una relación
importante entre la aceptación de sí
mismo y la aceptación de los demás.
Condiciona el aprendizaje, pues la adquisición
de nuevas ideas está subordinada a nuestras
actitudes básicas.
En Biodanza existen una serie de ejercicios que
contribuyen a reforzar la expresión de
identidad, la determinación y la seguridad
en sí mismo, es decir, permiten un aumento
en la autoestima. El fundamento de que estos ejercicios
aumenta la autoestima, según Rolando Toro,
es que ellos contribuyen a “tomar conciencia
de sí mismo y a desarrollar el coraje para
enfrentar a los demás; es así como
personas tímidas adquieren rápidamente
recursos personales para enfrentar la realidad,
ya que los procesos de autoestima evolucionan
mediante la acción.”
Conclusiones
La Biodanza promueve cambios positivos en la autoestima.
En el proceso de socialización muchos potenciales
son reprimidos. La Biodanza es una oportunidad
para descubrirlos, a través, del movimiento
integrado a las emociones y del encuentro humano.
Se produce un reaprendizaje en los modos de funcionar,
a través de estas nuevas formas de vivenciar,
ya que la experiencia interpersonal más
significativa es el encuentro de amor en sus diversas
formas. |
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