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CLASE MAGISTRAL
Presentación - Claudete Sant’Anna
Vamos a dar inicio a la Clase Magistral de Biodanza
con el profesor Rolando Toro. Esta actividad de
hoy es la culminación de la Semana de Biodanza
que celebramos anualmente. Este es el segundo
año que la estamos celebrando aquí
en Chile. Ayer realizamos el Primer Simposio de
Biodanza en Chile, sobre Biodanza, Educación
y Terapia, en la Universidad Diego Portales. El
profesor Rolando Toro es el creador del Sistema
Biodanza, psicólogo y antropólogo.
Ha sido docente de Antropología Médica
en la Escuela de Medicina de la Universidad de
Chile y de Psicología del Arte de la Pontificia
Universidad Católica. Actualmente es el
presidente de la International Biocentric Foundation,
institución que coordina el movimiento
de Biodanza en todo el mundo. Además, es
poeta y pintor. Queremos dar las gracias a la
Cámara de Diputados y especialmente a la
diputada Sra. Maria Antonieta Saa, quien gentilmente
ha hecho las gestiones para cedernos este espacio.
Bienvenidos a todos y paso la palabra la profesor
Rolando Toro. Muchas gracias.
Rolando Toro Araneda
Estoy profundamente conmovido con la presencia
de ustedes, de ver sus rostros, de ver su entusiasmo,
sentir sus corazones palpitando en un solo ritmo,
en una sola armonía, la armonía
de la vida. Ustedes han venido a un llamado tan
especial: ¿qué noticias hay del
paraíso? ¿cómo es posible
la alegría de vivir en un mundo difícil,
en un mundo de soledad, de incomprensión,
de grandes dificultades?
La propuesta de la alegría de vivir es,
a primera vista, utópica, una fantasía
poética. ¡No! Todos tienen derecho
a la alegría de vivir, derecho al amor,
a estar en paz y habitar un mundo decente, no
como el que hay actualmente, de injusticias, de
violencia. De modo que la propuesta que les estoy
haciendo es algo que ya pertenece al corazón
de ustedes, ustedes quieren eso, ustedes quieren
paz, paz interior y exterior, quieren ternura,
comprensión, salud, creatividad, trascendencia.
Ustedes aspiran a la grandeza humana. Cada uno
de ustedes es un milagro que tiene que responder
a lo más íntimo de lo íntimo
y no estar divagando en objetivos banales. Lo
importante es que ustedes han llegado hoy y vamos
a tener una vivencia de danza. Espero que la gran
mayoría participe, espero que todos en
lo posible puedan tomarse de las manos y sentir
que todos somos uno, formamos una unidad cósmica,
la especie humana, el más alto nivel de
evolución de todos los procesos vivientes,
la conciencia y la ternura humanas.
Esta es una mañana con sol, una mañana
de gala en que tenemos que celebrar la vida. El
movimiento de Biodanza, actualmente, se expande
con dimensiones mundiales, está brotando
y floreciendo y dando frutos en todas partes del
mundo, todos los países de Europa, prácticamente,
tienen Biodanza y hay muchas escuelas. Tenemos
también en África del Sur y se está
extendiendo lentamente hacia el norte. Esta mañana
me comunicaron por teléfono que el triunfo
en Australia es total, hay toda una revolución,
una receptividad inesperada, y esto es muy reciente.
En el Japón los cursos de Biodanza son
numerosísimos. En Nueva Zelandia hemos
instalado nuevas escuelas y en toda latinoamérica
también. En Chile tenemos ya unas 4 o 5
ciudades en las que hay escuelas y profesores.
Yo viajo a Europa dos veces por año, a
dar cursos. De modo que, en este momento, Biodanza
ha adquirido una proyección mundial y esto
no es por casualidad, sino porque Biodanza está
ofreciendo lo que la gente quiere en lo más
profundo de su corazón.
Ustedes se dan cuenta de la dificultad que hay
para encontrar el amor, para comunicarse con los
hijos, para establecer amistades profundas, sinceras,
para sentir la dulzura de vivir. Realmente estamos
en una civilización enferma y la única
curación, el único remedio es el
amor, es tener el coraje de sentir al otro como
un hermano, sin reticencias, adivinar su alma,
no estar observando desde fuera los detalles de
su nariz, de su peinado, de su vestimenta, sino
que conectarse con las almas. Eso es lo que tenemos
que hacer con urgencia, en dos o tres generaciones
puede cambiar el psiquismo de la especie humana,
en dos o tres generaciones puede aparecer la afectividad
que está tan decadente.
Ya lo he dicho otras veces, que estamos orgullosos
de la tecnología moderna: hay una capacidad
de inteligencia, de persistencia, de vocación
tecnología extraordinaria. Los milagros
que hace la tecnología moderna son casi
inconcebibles: andar, por ejemplo, con un objeto
en la cartera y comunicarte con un amigo en Europa.
Es decir, si empezamos a pensar en los progresos
de la tecnología quedamos asombrados. Pero
en el terreno afectivo estamos en la Edad de Piedra,
somos unos trogloditas. Entonces si trabajamos
para que la humanidad mejore, para que entre por
un camino evolutivo de plenitud para nuestros
hijos, nietos y bisnietos, habremos construido
un mundo respetable.
En esta reunión vamos a hacer una clase
de iniciación. Hay muchos de ustedes que
no conocen cuál es el Sistema Biodanza
en la realidad, sentirlo en el cuerpo. Y no tengan
temor de sacarse los zapatos, tomarse de las manos
y danzar con amor. Para muchos será una
iniciación en el sentido mítico
de la palabra, una iniciación en una nueva
apertura de la conciencia y, sobre todo, al gran
milagro
del amor.
Quisiera que ustedes hicieran algunas preguntas
antes de comenzar la vivencia, porque el objetivo
de esta mañana es la vivencia.
Pregunta: ¿Se ha trabajado con el adulto
mayor?
Rolando Toro: El trabajo con el adulto mayor,
con los viejos… a mí me encanta la
palabra viejo, yo soy viejo y estoy contentísimo
de serlo. Eso de “la edad dorada del adulto
mayor” es un eufemismo, como si las personas
que tuvieran mayor edad tuvieran que avergonzarse
por ello, cuando en realidad la vejez es una cosa
estupenda. Sinceramente, yo no quisiera volver
a los 40 años -era bastante insoportable-
me gusta mucho esta edad. Tengo una percepción
de la naturaleza, de la poesía, de la música,
de los frutos, de las almas que veo a través
de los rostros; tengo a la música de Vivaldi
y a la danza; tengo a los amigos, a los hijos,
a los nietos y a los bisnietos; tengo a mi mujer;
en fin, no puedo quejarme. Llegar a viejo es una
cosa muy interesante, extraordinariamente interesante.
Entonces, la Biodanza para el adulto mayor es
indispensable, para que las personas mayores se
den cuenta en qué mundo están, en
qué mundo de abundancia. El trabajo con
los ancianos es maravilloso, en varios países
tenemos grupos de 300 ancianos danzando.
A veces nos quejamos de que somos pobres: es verdad
que no tenemos lámparas de lágrimas
en la casa, tenemos el sol, la luna, las estrellas;
es verdad que no tenemos tapetes persas fabricados
por ingeniosos artífices, tenemos el pasto,
la arena de la playa; tal vez no tenemos esos
baños maravillosos, con cambios de temperatura,
de potencia, con perfumes, tenemos el mar, los
ríos; tenemos cerca la máxima belleza,
el amor de la amistad, el amor de la familia.
De modo que si de pronto nos faltan algunos centavos
para el ómnibus no es tan grave, tenemos
que aprender a leer la grandeza del planeta tierra
y defenderlo y cuidarlo.
Pregunta: ¿Por qué no ha habido
más información?
Rolando Toro: No nos hemos preocupado mucho de
la publicidad, eso tengo que confesarlo. Consulté
hace unos meses a los mayores genios de administración
de empresas y quedaron sorprendidos de que una
empresa como Biodanza, sin capital inicial, sin
publicidad y sin organización, ha dado
vuelta al mundo. Me dijeron que eso no sucede
jamás. La publicidad, en Biodanza, va llegando
de a poco, boca a boca, la gente comunica a sus
amigos. Hemos calculado en nuestros estudios que
cada persona irradia a un mínimo de 8 personas
la información de que existe la Biodanza.
Actualmente la Biodanza está poco desarrollada
en Chile. Yo llegué sólo hace 5
años y ya tenemos dos escuelas en Santiago.
Tenemos 60 profesores formados por la Escuela
Modelo de Biodanza que dirige mi esposa Claudete
Sant’Anna; y la otra escuela, que acaba
de nacer, es la Escuela Cordillera de Los Andes,
que dirige mi hija Cecilia Toro, doctora en ciencias,
profesora de la Escuela de Medicina. La formación
dura tres años y medio, porque es muy refinada,
desde el punto de vista técnico. No es
simplemente poner música y danzar, aunque
eso hace bien, pero las transformaciones de fondo
las hace la Biodanza con una metodología
vivencial.
Quisiera aquí hacer un paréntesis.
Biodanza, que podría ser simplemente vivencia,
tiene una teoría científica basada
en los conocimientos tradicionales de la ciencia,
de la biología, de la psicología,
de la antropología. Y muchas personas dicen
“para qué tanto conocimiento, para
qué es necesario todo esto, cuando bastaría
ponerse a bailar”. La respuesta es que el
fundamento científico de la Biodanza la
hace mucho más efectiva, porque se van
estudiando cuidadosamente los efectos de cada
ejercicio, de cada situación humana. Y
por otra parte las ciencias académicas
universitarias son la llave maestra para abrirnos
el camino en nuestra civilización. Si ustedes
quieren promover Biodanza y no tiene un lenguaje
conceptual que lo fundamente, les cierran las
puertas. Es muy importante que los profesores
de Biodanza adquieran ese fondo de ciencias humanísticas
y ciencias biológicas y psicológicas.
Es así como la Biodanza se ha ido abriendo
espacios en las universidades, hospitales, centros
de salud y, últimamente, en las empresas,
porque hay una estructura conceptual sólida.
Pregunta: ¿Cómo
se ha ido construyendo en usted la capacidad de
celebrar la alegría de la vida?
Rolando Toro: Yo he sido muy afortunado,
porque tuve padres excelentes y tuve una buena
infancia. Pero lo que me llevó a poner
interés en Biodanza fue el período
en que terminaba la segunda guerra mundial, con
bomba atómica, con holocausto, con destrucción
inmisericorde de ciudades vencidas. Yo estaba
desesperado. Yo no puedo decirles que tengo problemas
de sufrimiento personal: mi sufrimiento es lo
que está sucediendo en Iraq, es el conflicto
entre judíos y árabes. El mundo
está sufriendo mucho y yo me identifico
con ese sufrimiento: con esa mujer a la que le
han matado a su bebé con una bomba; con
ese niño que recibió un trencito
para navidad y está jugando con él
cuando cae la bomba y le corta las piernas; yo
no puedo soportar eso. Yo hasta el último
día de mi vida voy a estar contra la guerra,
contra la estupidez humana, contra los psicópatas
que dirigen los pueblos. Implacablemente. No puedo
soportar esa psicosis de jefes de pueblos que,
por ambiciones económicas o de poder, matan
y matan gente. Eso tiene que terminar y ustedes
tienen que tener la certidumbre de que eso tiene
que terminar. No hay justificación para
que muera ni un niño, no hay justificaciones
políticas.
Sobre la alegría de vivir: yo siento alegría
de vivir y quisiera que todos la sintieran.
Pregunta: En relación
con el sentido de la vida ¿cuál
es la relación entre la logoterapia de
Víctor Frankl y la Biodanza?
Rolando Toro: La vida tiene sentido
y no es necesario reflexionar ni medio minuto
para descubrir el sentido de la vida. Basta mirar
ese árbol y es el triunfo total; basta
mirar a los ojos a una persona y el sentido de
la vida está gritando; el sentido de la
vida no está fuera de nosotros, el sentido
de la vida está en nuestro corazón.
La vida tiene sentido intrínseco, en el
acto mismo de vivir. No es que tengamos que hacer
un programa para dar a nuestra vida un sentido,
nos hacemos programas y son casi todos juegos
ilusorios. Nuestro programa es el amor, no lo
olviden, la ternura, la comprensión. El
sentido de la vida nos rodea. Ahora, Víctor
Frankl, el creador de la logoterapia -a quien
yo admiro mucho- cuando fue tomado prisionero
por el nazismo y estaba en los campos de concentración,
en la última humillación que puede
vivir un ser humano, él conservaba su fe,
su confianza, en el valor intrínseco que
tiene la vida. Cuando ya se ha perdido todo, cuando
se ha perdido la familia, el trabajo, la libertad,
la salud, aún existe la dignidad del ser
humano y eso Víctor Frankl lo ha postulado
ya y ha creado una terapia, la logoterapia, en
torno a esa terrible experiencia, de la que se
salvó por milagro cuando ya era el fin
de la guerra. Yo creo que si yo conociera a Víctor
Frankl seríamos grandes amigos y nos pondríamos
a danzar.
Pregunta: ¿Qué
pasa con la Biodanza y con los más chiquititos,
los escolares o los bebés?
Rolando Toro: En realidad la
Biodanza funciona para los bebés, incluso
cuando están en el vientre materno. Tenemos
Biodanza para mujeres grávidas, para aprender
a conectarse con su bebé en el vientre,
para que el papá aprenda a conversar con
el bebé en los últimos meses, para
que escuchen música maravillosa y para
que la madre se de cuenta de la grandeza de la
maternidad y el padre también, porque los
hijos son de la madre y del padre. Generalmente
los machos somos malos padres y consideramos que
los hijos son de la madre, pero yo les advierto
que el nuevo hombre es un padre amoroso, pleno
de cuidados para el bebé, para su hijo,
un hombre protector para esa maternidad. Dicen
los biólogos que el amor materno está
en gran parte condicionado por el cuerpo lúteo,
por la luteína, por hormonas de la maternidad,
y esto está probado empíricamente.
La paternidad está en la próstata.
Los niños son muy cuidados cuando sus madres
son de Biodanza, porque sabemos que el niño
que no recibe continente afectivo, amoroso, en
los primeros meses de vida, queda lesionado para
siempre, y tiene que hacer grandes vueltas terapéuticas
en su vida para curar el niño interior
herido por el abandono. Todas las investigaciones
de René Spitz han demostrado que el abandono
de los niños en sus primeros meses no permite
la conexión córtico diencefálica,
lo que crea una disociación después,
cuando adulto, en que se piensa una cosa y se
siente otra. Es importantísimo el abordaje
de Biodanza en la primera infancia, en la segunda
infancia, en la tercera infancia, en la adolescencia,
en la madurez y en la adultez. Es importantísimo
para todo el mundo, todos tiene que hacer Biodanza,
no hay otra alternativa.
Registro y Edición de Textos: Carmen Durán
Carrasco
Trascripción y Diagramación: Viviana
Paredes Cartes
Concepción, Chile –septiembre 2004
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